sábado, 10 de julio de 2010


Y cuando sus labios rozan los míos, experimento un extraño hormigueo, un hormigueo que no había sentido nunca, pero no me aparto. Y de repente, su boca se abre y descubro un paraíso perdido, intacto a pesar del tiempo, eterno como las estrellas. Siento el calor de su cuerpo y cuando nuestras bocas se encuentran, cierro los ojos y me transformo en un poderoso barco en aguas turbulentas, Fuerte e intrépida, y él es mi timón. Acaricio con suavidad el contorno de su cara y le cojo la mano. Le beso en los labios, las mejillas y oigo su respiración…

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