domingo, 21 de noviembre de 2010

Hoy he tenido uno de esos días que tachas una y otra vez del calendario.
Antes de nada mencionar que sólo he podido conciliar el sueño durante una miserable hora, en la cual el estúpido despertador ha empezado a sonar estruendosamente.
Como la noche anterior me quedé estudiando para una prueba, decidí dejar la ducha para cuando despertara. Pues qué casualidad que cuando me meto en la ducha decidida, pensando que ya iba a llegar tarde, el agua no sale caliente, sino HELADA, ese helor que te congela las neuronas y hace que te palpiten las venas de las sienes.
Cuando consigo entrar en calor, recaigo en que el secador se había estropeado y el que tenía de repuesto se lo había prestado a mi compañera.
Me tuve que vestir con el pelo empapado, eso si, con un olor exquisito al nuevo champú de frutas del bosque.
Apenas me quedaban 10 minutos para el desayuno, así que decidí tomarme un café con leche calentito y llevarme una magdalena de chocolate por el camino al coche.
Como no, se puso a llover, y yo sin paraguas y con el pelo mojado.
El coche tardó en llegar aproximadamente 10 minutos, un buen día para elegir llegar tarde, si señor.
Al llegar a clase, tarde y empapada en agua, me dieron la noticia de que el examen que tanto me había preparado y el que tanto me había costado sacar a delante se había suspendido. Qué pasa, ¿que hoy el mundo se ha puesto de acuerdo para estar en mi contra o qué?
Pero no, esto es nada más que el principio.
A tercera hora nos pusieron un examen, que como no, había olvidado repasar.
A la hora del recreo me maldije una y otra vez al mirar mi mochila y darme cuenta de que con las prisas se me había olvidado traerme algo para saciar mi apetito.
El resto de las clases fueron como las habituales, aburridas pero distraídas, muy monótonas.
Al salir de clase fui derecha a la parada de autobús, no tenía ganas de hablar con nadie, ni saber nada de nadie.
Me puse el MP4 a todo volumen, me puse la capucha para protegerme de la lluvia.
Buscando en la mochila un euro, porque me había dejado el metrobús en casa, no me fijé en que un coche pasaba por el carril bus, mojándome completamente.
Cuando llegué a casa me cambié de ropa rápidamente, echando a lavar la sucia.
Calenté el plato de lentejas que me había dejado mi madre, (¿se me ha olvidado mencionar que no las soporto?) y me las comí, en parte agradecida de meter en el estómago algo caliente, aunque no del todo contenta.
Al terminar de comer, me tumbé en la cama para echarme una pequeña siestecita, pues aun no era ni mitad de semana y ya estaba muerta de cansancio.
A la media hora sonó el teléfono, se habían equivocado.
Volví a la cama para descansar al menos 5 minutitos más, me lo merecía después del fatídico día.
En vez de 5 minutos fueron 2 horas, y cuando desperté me cayeron encima muchas más tareas estresantes: ir a la tintorería a recoger la corbata que mi padre había manchado, comprar comida, echar la bonoloto semanal, ir al gimnasio, repasar el examen que habían suspendido hoy y que habían puesto para el día siguiente, hacer una traducción y preparar una presentación de PowerPoint.
Cuando terminé la mitad de las tareas la noche ya había entrado y con tanto ajetreo se me quitaron las ganas de cenar.
Ahora son las 4 de la mañana y no me puedo dormir, me pregunto porqué será.
(esta historia la escribí antes de hacer el blog, es algo inventado, un trozo de una pequeña historia que algún día puede que publique)

5 comentarios:

  1. Menudo día jajaja, me gustaría que colgarás más de esa historia:)
    ¡besos!

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  2. Dios mío, pobre chica! jaaja
    desearía que colgaras más, me quedé enganchada!
    Muchos Besos!!!
    -www.wonderlandtaste.blogspot.com

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  3. caray a veces hay dias que no son tan buenos, por suerte son pocos =D

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  4. historia o no! he tenido de esos días pero un poco menos fastidiosos
    jajja

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  5. Yo creo que deberías publicarla... no está nada de mal :)

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