lunes, 17 de octubre de 2011

Vestida con su capa nueva, se adentró en las calles más oscuras del pueblo, las más lejanas y siniestras.
Sostenía una rosa tintada de azul en su mano derecha mientras que en la izquierda llevaba un ramillete negro.

Todavía reinaba la noche y el ulular de los búhos le causaba inquietud, pero aquello no la echaría atrás.
Los farolillos alumbraban los nombres de cada lápida cuando llegó a su destino, se sentó  a los pies de la tumba y se bajó la capucha dejando ver su rostro pálido con rosados surcos en las mejillas, unos ojos oscuros y alargados, ojos que muestran frialdad desde aquel día, desde que ella decidió separarse del mundo y dormir en aquellas calles de flores y dolor […]

Posó la rosa azul bajo el nombre de su amiga y puso el ramillete en el jarrón. Se tumbó junto las flores y comenzó a contarle, como todos los meses, cómo le iba sin ella, cómo seguía con su vida…
Una minuciosa cascada de lágrimas bañaron los grabados de la lápida, que la recorrían como un pequeño riachuelo hasta llegar a la rosa azul, bañándola como si fueran gotas de rocío.

Cuando comenzó a amanecer se levantó, colocándose la capa y mirando fijamente, como si intentara visualizarla, susurró: “Te veré en los viejos lugares de siempre”

2 comentarios:

  1. Tierno y macabro a la vez.
    Me gusta la convinación. Besos :)

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  2. Me guata la entrada es como bipolar. ME MORI♥ lindo blog (: Te sigo. Besos!

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