jueves, 10 de noviembre de 2011

Corre, corre en su busca; pero al llegar a un extremo de la calle se detiene, como el tiempo, y permite que una ráfaga de aire penetre en sus pulmones, convirtiendo así sus pesares en convulsiones, convulsiones que poco a poco se trasformaron en seguidas carcajadas; carcajadas sonoras, estridentes, melancólicas.
Camina, camina en su busca; pero tiene miedo de no encontrarle, de haberle hecho esperar demasiado, de haberle herido en lo más hondo.
Tiembla, pero no se detiene, da un paso más y rodea la esquina asomándose a la travesía que abría las diferentes calles, y es allí, a lo lejos, bajo la lluvia donde lo ve.
Corre, corre en su busca; pero al llegar a un extremo de la calle se detiene, como el tiempo, y permite que una ráfaga de aire penetre en sus pulmones, convirtiendo así sus pesares en convulsiones, convulsiones que poco a poco se trasformaron en seguidas carcajadas; carcajadas sonoras, estridentes, felices.

5 comentarios:

  1. Hermosa historia, que linda manera de escribirla. Tal vez su melancolía solo necesitaba un poco de él.

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  2. me gusta :)
    me cambio de blog, te espero

    http://joveneseternamente20.blogspot.com/

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  3. me gusta, pasate por mi blog cuando queras, t sigo! =)

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