miércoles, 30 de noviembre de 2011


De hito en hito, posaba mis ojos en los suyos.
Captaban cada mota de color, cada forma imperfecta y a su vez, perfecta.
Contemplé en ellos como dos figuras se acercaban lentamente y comenzaban a amarse.
Labio con labio. Cuerpo con cuerpo. Mano con mano.
Lentamente acerqué mis dedos a su piel.
Hechizada. Embrujada. Extasiada.
Así me sentí, entonces me acerqué más,
 sintiendo como si una fuerza sobrenatural penetrara en cada poro de mi cuerpo. 
Me abandoné. Me dejé embrujar. Sentí.

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