domingo, 12 de febrero de 2012

Cuando los fantasmas regresan


Giraba y giraba, notando como los gritos querían escapar por su garganta y despojarse de las entrañas. Poco a poco luchaba, intentando sobrevivir, pero se sentía inútil.
Agazapada en la esquina más cercana, aterrada y con lágrimas en los ojos, la magia no la encontró  y no la volvió invisible. A simple vista todo parecía un juego, de mal gusto, pero un juego. El escondite, pero con dolor; ella se escondía y él la encontraba, la arañaba y la apretaba contra su pecho buscando un beso. Besos, mordiscos, heridas, y sangre. Ese era el premio del juego.
Giraban y giraban los pensamientos en su cabeza. El olor a alcohol le trastornaba el cerebro, ya no podía gritar más, ya no quería luchar, sentía que él iba a acabar con ella de una forma u otra. Entonces fue perdiendo el sentido. A su vez, él la tocaba y la empujaba contra los camiones de la calle, dejando surcos de sangre por los escondidos recovecos de su piel.
Los ojos cada vez se le tornaban más, notando únicamente su olor,
 antiséptico, repugnante; y sus manos, hurgando en su cuerpo. 

3 comentarios:

  1. guau... pelos de punta. Muy bueno Agnes. Mua!

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  2. Guauu! que texto, muy fuerte, me encantó!
    Un beso grande!:)

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  3. me has dejado con los pelos como escarpias.
    de verdad :)

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