domingo, 23 de noviembre de 2014

El llanto de tu madre


He acunado a tu madre en sueños.

Lloraba porque te habías ido y no le habías dicho adiós.
Lloraba porque el amor se le salía del pecho y le salían estrías por los hombros, 
los brazos, el cuello, la garganta.

El amor le atravesaba los huesos y sobresalía la carne ardiendo
en fuego rojo,


sangre. 


Tu madre llora en mi oído,
me canta las nanas que te susurraba al nacer.
Dibuja con la vejez de sus dedos las letras de tu nombre
al revés. 

Dibuja con la vejez de sus dedos, se secan las lágrimas
en la vejez de sus dedos. 

Ya no llora, ya no canta, tu ausencia le ha dejado muda.

Ya no late, ya no sangra, el silencio de tus palabras 
ha sentenciado su pobre corazón, menudo y viejo, 
basto en el arte de amar y manso en el arte de esperar. 

He acunado a tu madre entre mis brazos.
Estoy sola,
me encuentro sola. 

3 comentarios:

  1. El abandono de la sangre ha hecho que imagine a la madre como una estatua: una estatua acunada entre los brazos, como si latiera, pero sin pulso.

    Muy bello :)

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    1. Muchas gracias por comentarme lo que te ha pasado por la mente con mi texto, pocos lo hacen y lo valoro !
      Un abrazo

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